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martes, 4 de enero de 2011

¡Buenas, las bolsas!

Tomado de El Periodico

Falta de crítica, apunta la excelencia.
Acisclo Valladares Molina
 
Tal y como me permití compartir con usted que Emetra no muerde ¡aunque parezca increíble se ha logrado una Policía que no muerda! y que los comedores solidarios se caracterizan por su limpieza, buena comida y buen servicio, apunto que también las bolsas solidarias gozan de excelencia. ¿Ha oído alguna vez crítica alguna en cuanto a la calidad o la presentación de los productos?

Se dice que se podrían estar distribuyendo a personas que no lo necesitan, pero ese es otro cantar, tal y como se dice que estarían concurriendo a los comedores solidarios personas que bien podrían pagar su comida en otra parte.
Lo que he querido señalar, simplemente, es que se ha logrado excelencia en los programas ¡también increíble, pero cierto! Bolsas solidarias con buenos productos y comedores solidarios limpios, con buena comida y buen servicio y –tan es así– que no se escucha crítica alguna en estos aspectos tan sensibles. Esta vez, con la anticipación debida, se prepara el programa ¡Vamos a la playa! Un programa que busca brindar un momento de paz y esparcimiento a aquellas familias que muy difícilmente podrían tenerlos sin un programa semejante.

En lo personal me inclino por las transferencias condicionadas –las transferencias de Mi Familia Progresa– con preferencia sobre cualquier otro programa por varias razones, siendo estas –sin pretender ser exhaustivo– que alivian directamente la miseria –esos míseros Q300 mensuales pueden hacer la diferencia entre la vida y la muerte, estimulan el acceso a la educación y la salud– factores determinantes del progreso y no constituyen competencia desleal alguna, amén de que la corrupción se hace poco menos que imposible.

Si la madre de familia sabe que le corresponde recibir Q300, no recibirá ni un centavo menos, convirtiéndose, así, en la mejor fiscalizadora de esos fondos; decide qué y a quién comprar, la cantidad ya en sus manos y no se afectan, así, las reglas del mercado –antes bien, se estimula la producción y comercialización con el consumo– y se logran la universalización de la educación y la salud para los niños –más allá de las aspiraciones que quedaban en teoría.
Prefiero las transferencias condicionadas a los otros programas por que en estas el Estado no compra ni construye nada –inevitables focos de corrupción, difícilmente superables– no hacen competencia a las ventas de comida, pueden universalizarse a todos aquellos que más lo necesitan ¿por qué los capitalinos a la playa y no la gente de Nebaj? ¿Por qué comedores solidarios en unos lugares y en otros no? y quizá, lo más importante, porque las transferencias condicionadas en efecto, condicionan la ayuda al cumplimiento de requisitos de salud y educación, determinantes del progreso.

Tengo preferencia por las transferencias condicionadas tal y como en materia de impuestos me inclino por los únicos que me parecen razonables, el IVA y el impuesto predial, a los que podría agregar el de utilidades, si distribuidas.
Redistribución de la riqueza a través del gasto ¡jamás de los impuestos! Lamentablemente las campañas electorales se concentran –entre nosotros– en las canciones pendejas: No se lee, no se escucha y no se piensa. ¿Podremos superarlo?

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La mayoría de los seres humanos son como las hojas que caen de los árboles, que vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se precipitan al suelo.

Otros casi son como estrellas, siguen su camino fijo, ningún viento los alcanza, pues llevan en su interior su ley y su meta.

HERMAN HESSE

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