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viernes, 8 de octubre de 2010

LETRAS PRESTADAS - PODRAN MATAR A NUESTROS LIDERES - REVISTA YQUE

"Así quedó truncada la transición de liderazgo en nuestra historia. Así el gobierno militar de Romeo Lucas García asesinó a la dirigencia estudiantil que hasta la fecha no ha vuelto a brotar".

A continuación les transcribo este articulo de revista ...YQUÉ?, el cual, ayuda a ver y entender el porque de la situación nacional en cuanto a la pasividad del pueblo en general y del estudiante universitario, específicamente, lo cual se vuelve nuevamente de relevancia a la opinión publica dado el ultimo gran conflicto que ha vivido la USAC, en estos últimos 2 meses.


"PODRÁN MATAR A NUESTROS DIRIGENTES..."
RIP 

 (tomado de revista ...YQUÉ?)
Chanok

“Es que en Guate no tenemos líderes”, “los chapines somos un pueblo aguantador”, “estamos acostumbrados a bajar la cabeza”, son frases comúnmente escuchadas en los foros en donde se discute la pasividad de nuestra población ante los constantes abusos por parte del gobierno y de los distintos grupos de poder. Estas afirmaciones por sí solas carecen de valor reflexivo si no son acompañadas de un análisis de la historia reciente del liderazgo nacional, es decir, si bien es cierto que actualmente carecemos de líderes desafiantes al sistema, esto se debe en gran parte a que cuando los hubo, estos fueron cruelmente asesinados. Este es el caso del dirigente universitario, Oliverio Castañeda de León...

A finales de la década de los 70, la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU) estaba presente en todas las movilizaciones y protestas del movimiento popular, solidarizándose con la lucha de los sindicalistas y campesinos, incluso los dirigentes universitarios contribuyeron a la instalación de las más importantes organizaciones de trabajadores y campesinos que hasta la fecha continúan vigentes.

Mientras en el campo el ataque era contra la insurgencia armada, en la ciudad, las fuerzas represivas del Estado se ensañaron contra la juventud, incendiaron la sede la AEU, ametrallaron a los estudiantes que bajaban de un bus y tiraron en el campo universitario el cadáver de Gregorio Yujá Zona, sobreviviente de la masacre de la embajada de España. La AEU, entonces, fue considerada y tratada como un enemigo del Estado.

A pesar de las agresiones, la militancia popular no se detuvo y creció a lo largo del año 1978. El conflicto entre el gobierno y la oposición se agudizó cuando el general Romeo Lucas García tomó la Presidencia y liberó los precios de los productos de la canasta básica. Las medidas provocaron en la ciudad, una huelga de transporte (agosto-octubre 1979). Un amplio movimiento urbano paralizó la ciudad, exigiendo la anulación del aumento en la tarifa del transporte urbano. Jóvenes de diversos barrios populares, como La Carolingia, El Gallito y La Parroquia, construyeron barricadas en las calles principales, los empleados estatales paralizaron sus labores, y los institutos de nivel medio fueron controlados por estudiantes que enfrentaron a la policía. El descontento popular era tal que la manifestación pronto cobró tal fuerza que los dirigentes ya no podían controlarla.

La manifestación llegó a su fin cuando alcanzó su objetivo más importante en ese momento: el Consejo Municipal restauró la tarifa anterior del transporte urbano. Las manifestaciones habían cumplido su cometido, pero su trascendencia era mucho mayor pues habían logrado someter al gobierno militar a través de la movilización del poder popular, aunque pagando un precio muy alto con las más de 100 muertes registradas.

A pesar de las trágicas muertes, la AEU celebró el 12 de octubre la victoria del poder popular. Ese día también se celebraba el cumpleaños de Oliverio Castañeda, secretario general de la AEU, y bajo cuyo liderazgo esa asociación estudiantil obtuvo la mayor proyección política de sus 58 años de existencia para ese entonces. Oliverio, no provenía de ningún barrio popular, ni estudió en institutos públicos como la mayoría de dirigentes estudiantiles, él venía de una familia de clase media y representaba a los universitarios de ese estrato social que se solidarizaron con el pueblo y arriesgaron sus vidas en las luchas a favor de los intereses populares.

Mientras el movimiento popular celebraba la victoria, el Ejército Secreto Anticomunista (ESA), un grupo terrorista supuestamente vinculado a la oficina del director de la Policía Nacional, coronel German Chupina Barahona, publicó una lista negra en la cual condenaba a muerte a 38 personajes clave del movimiento popular. Entre ellos estaban varios universitarios, incluyendo el rector, varios decanos y Oliverio Castañeda de León.

Oliverio Castañeda, a pesar de las constantes amenazas en su contra, el viernes 20 de octubre de 1978, se presentó en el Parque Centenario para dar el discurso de la AEU en ocasión del 34 aniversario de la Revolución de Octubre de 1944. En su esencia, dicha manifestación estuvo dirigida a repudiar el terror estatal. Oliverio señaló al ministro de Gobernación, Donaldo Álvarez Ruiz, como responsable de la nueva oleada de terror y cerró su discurso con una consigna visionaria: "Podrán matar a nuestros dirigentes, pero mientras haya pueblo, habrá revolución".

Según Rebeca Alonso, dirigente de la AEU, al terminar el acto un grupo de miembros de la AEU caminaba sobre la 6a. avenida hacia la cervecería "El Portal". En ese momento, frente a más de 15 mil testigos, cuatro vehículos convergieron en el cruce de esa avenida y 8a. calle. Oliverio fue alcanzado por las balas de los ocupantes de uno de los vehículos, y cuando intentó regresar a la avenida los ocupantes de otro vehículo, que portaba placas oficiales, nuevamente abrieron fuego, alcanzándolo sobre la acera e hiriendo a cinco personas más. Descendió un tripulante del vehículo, acertándole un tiro de gracia. Oliverio murió en la entrada del Pasaje Rubio, rodeado por sus compañeros.

Varios agentes de la policía vieron el asesinato sin hacer nada para capturar a los culpables. Según testigos oculares, entre ellos se encontraba el director de la Policía Nacional, German Chupina Barahona, quien aparentemente coordinó la emboscada.

El gobierno había tomado como un desafío la consigna pronunciada por Oliverio, “Podrán matar a nuestros dirigentes...” Por su participación en las manifestaciones de 1978, la AEU se convirtió en el blanco de la campaña de terror estatal, que era la forma más eficiente para desarticular el movimiento popular. En los siguientes 18 meses recibieron amenazas casi todos los dirigentes estudiantiles y profesores universitarios con vinculaciones políticas.
Al iniciarse el año 1979, los escuadrones de hombres armados vestidos de civil, aumentaron su campaña contra la intelectualidad del país, atacando a prestigiosos miembros de la Universidad, de la prensa, abogados, médicos, y dirigentes políticos de la oposición.

Así quedó truncada la transición de liderazgo en nuestra historia. Así el gobierno militar de Romeo Lucas García asesinó a la dirigencia estudiantil que hasta la fecha no ha vuelto a brotar.




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